Los ejércitos nacionales como instrumentos de la identidad y la imagen
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX; pese al auge económico en México durante el gobierno del Presidente Porfirio Díaz, gran parte de la población se encontraba sumida en la miseria y sin garantías en temas como el derecho laboral y diversos problemas agrarios por la expansión de grandes terratenientes, lo cual, aunado a otras demandas sociales como en materia de educación, salud y otras libertades como la democracia efectiva para prohibir la reelección y el sufragio efectivo, motivó varios levantamientos armados, iniciándose de esta forma la Revolución Mexicana encabezada por Francisco I. Madero.
Al generalizarse el movimiento revolucionario el Presidente Díaz se vio obligado a renunciar a la presidencia, convocándose a nuevas elecciones en las que Madero resultó triunfador.
No obstante, el 9 de febrero de 1913 se inició una sublevación armada, donde militares rebeldes encabezados por Manuel Mondragón, Félix Díaz y Bernardo Reyes se sublevaron contra el presidente Francisco I. Madero.
El conflicto comenzó con el ataque al Palacio Nacional y duró diez días y tras la inestabilidad, Madero nombró al General Victoriano Huerta comandante militar, pero posteriormente, traicionó al gobierno y tomo el cargo ya que fue el quien materializaría el golpe y traicionará a Madero, marcando el fin del gobierno maderista porque el golpe de Estado obligó a renunciar a Madero, en este periodo de alta traición, que duró del 9 al 19 de febrero de 1913 y por eso se conoce como la decena trágica.
Tras la captura de Madero y Pino Suárez, Huerta asumió la presidencia de facto y el 22 de febrero de 1913, ordenó el asesinato de ambos, consumando el golpe de Estado y el magnicidio.
Huerta enfrentó la oposición del Congreso, especialmente tras el asesinato del diputado Belisario Domínguez ya que Domínguez fue asesinado por denunciar la dictadura, lo que intensificó la ruptura del orden constitucional.
Ante la resistencia de la Cámara, en octubre de 1913, Huerta disolvió el Congreso de la Unión mediante el uso de la fuerza pública, arrestando a cerca de 110 diputados de la XXVI Legislatura, lo que consolidó su régimen militar y la disolución del poder legislativo.
Al cundir el descontento de la decena trágica que derivó al golpe de Estado, el 19 de febrero de 1913, el Congreso del estado de Coahuila, emitió el decreto 1421, en el que se desconocía al General Victoriano Huerta como Presidente de la República y le otorgaba facultades al Gobernador de dicho estado para armar un ejército a fin de restablecer el orden constitucional, por lo que posteriormente fue denominado Ejército Constitucionalista, del cual surgiría el actual Ejército Mexicano.
En el año de 1932 se señaló el 27 de abril como día para celebrar al soldado; se escogió esta fecha para recordar la gesta heroica de Damián Carmona, acontecida durante el sitio de Querétaro en 1867 en la época de la intervención francesa y del Segundo Imperio Mexicano con Maximiliano como Emperador. Pero finalmente; por Decreto Presidencial de 22 de marzo de 1950, se estableció el 19 de febrero como día del Ejército Mexicano, a fin de conmemorar la creación del actual Instituto Armado.
Nacida de la lucha armada, las fuerzas armadas se definieron por su composición popular y una lealtad a las instituciones nacionales y su prestigio tras la Revolución, se consolidó al transformarse en una institución pilar del Estado moderno, diferenciándose de los ejércitos personales de los caudillos y a lo largo del siglo XX y del presente siglo XXI, se alejaron de la política electoral para enfocarse en la seguridad nacional y el desarrollo del país, ganándose la confianza ciudadana como una de las instituciones más respetadas.
En la actualidad; las Fuerzas Armadas de México (Ejército, Fuerza Aérea y Armada), gozan de alto prestigio nacional, consolidándose como instituciones confiables, efectivas y fundamentales para la seguridad y el auxilio a la población, internacionalmente, ocupan el lugar 31-32 en poder militar global y destacan por su alto recurso humano, liderazgo en el continente como la Conferencia de Ejércitos Americanos y la capacidad de sus fuerzas especiales.
Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, la Marina y la Fuerza Aérea son las instituciones de seguridad más confiables, con niveles de aprobación del 83% y 81.4% respectivamente consolidándose como un pilar social ya que las fuerzas armadas son percibidas como una de las instancias con mayor confianza, superando a instituciones religiosas y civiles.
Ahora bien; aprovechando esta celebración del día del ejército mexicano, resulta importante reflexionar sobre los ejércitos nacionales como instrumentos de la identidad y la imagen de un país en el exterior de sus fronteras.
De hecho, las fuerzas armadas de los países, en general, están evolucionando sus criterios de comunicación para adoptar estrategias que les hagan ser más visibles, tanto para la sociedad a la que sirven como para aquellas en las que lo hacen.
Es; por tanto, un factor importante de la diplomacia pública, ya que en materia de política exterior, nos enmarcamos inevitablemente en dos disciplinas aparentemente alejadas, pero muy conexas.
La primera de ellas es la comunicación, en su sentido más amplio y en su aspecto internacional, tanto académico como práctico, porque esta comunicación se convierte en un instrumento necesario de la diplomacia pública en cuanto a transmisión de mensajes y creación de imágenes, que se transforman en identidad, en percepciones y reputación.
La segunda es la de las relaciones internacionales y en concreto, la política exterior, ya que la diplomacia pública, es parte inseparable de las relaciones internacionales y de la política exterior de un país y desde luego, de su acción exterior de los Estados y sus instituciones, públicas o privadas.
Hasta hace dos décadas, los medios eran siempre emisores y el receptor era inmutable. Hoy, la bidireccionalidad es un factor esencial en el mundo conectado y en ese orden de ideas, la acción exterior y la diplomacia pública, tienen mucho de ello, esto es, dar a conocer un país a los ciudadanos de otros, dado que hablar de diplomacia pública es como hacerlo de ideas, percepciones o sentimientos y la sensación de imagen de un país o un territorio, ante los ciudadanos de terceros países, es sumamente importante.
La diplomacia pública está estrechamente relacionada con el poder blando, ya que es una estrategia utilizada por los gobiernos para influir en la opinión pública de otros países. Se enfoca en la promoción de la cultura, los valores y las políticas nacionales a través de medios como intercambios culturales, programas educativos y campañas de comunicación. El objetivo es crear una imagen positiva del país y fomentar relaciones favorables.
El poder blando o Soft Power, por su parte, es la capacidad de un país para influir en otros sin recurrir a la coerción, utilizando la atracción y la persuasión. La diplomacia pública es una herramienta clave del poder blando, ya que busca ganar corazones y mentes a través de la influencia cultural y la comunicación efectiva, es decir, la diplomacia pública es una manifestación práctica del poder blando, ayudando a los países a proyectar su influencia de manera sutil y efectiva, en cambio el poder duro o Hard power, se refiere al uso de la fuerza militar y economía para influir en el comportamiento de otros países, incluye acciones como intervenciones militares, sanciones económicas y alianzas estratégicas.
De igual manera tenemos al poder inteligente o Smart power, que es una combinación de poder blando y poder duro, e implica el uso estratégico de ambos tipos de poder para lograr objetivos de política exterior de manera más efectiva. La idea es maximizar los beneficios de cada enfoque y minimizar sus desventajas.
Y por último está el poder Afilado o el Sharp power; es un término utilizado recientemente que describe el uso de tácticas de manipulación y coerción por parte de algunos estados para influir en otros países y que incluye la propaganda, la desinformación y la interferencia en procesos democráticos.
Derivado de lo anterior; las Fuerzas Armadas son instrumento de poder duro, lo que debe hacer que nos preguntemos sobre si es pertinente que entre dentro de una concepción del poder blando.
Intentaremos justificarlo debidamente partiendo de que son, por supuesto, herramientas de la política exterior de los Estados.
La participación de los ejércitos en las estructuras internacionales de defensa, las agregadurías del ramo en las embajadas y la participación en misiones exteriores, son dimensiones que avalan esta hipótesis, por lo que esta participación las pone de relieve fuera de las fronteras y las convierte en señas de identidad del país.
Así; las fuerzas armadas se caracterizan por simbolizar permanentemente a la nación a la que sirven, tanto para bien como para mal.
Cuando las fuerzas armadas mexicanas creadas el 19 de febrero de 1913; participaron activamente en contra del golpe de Estado del General Victoriano Huerta y que logara su consolidación a través de los años, después de la revolución mexicana aumentando su capacidad de modernización y adaptación y su enorme flexibilidad en recoger el sentir de los mexicanos, pasó de forma decidida a estar a favor de una democracia como ejército constitucionalista lo que también repercutió en esa imagen.
Como actores de la política exterior en diversas facetas de su trabajo, son señas de identidad de la imagen del país; tanto como institución, o como cada uno de los componentes, siempre en las tres dimensiones:
Faceta al pertenecer a organizaciones internacionales; como la ONU, donde las fuerzas armadas son señas de identidad permanente en esas organizaciones en las que realizan sus cometidos ya que tanto en grupo e institución, tanto como en calidad de individuos, simbolizan y representan a su país.
Cuando operan como agregadurías militares; donde también son fuente de identidad del país en el exterior, igualmente en la doble vertiente, institucional e individual.
Y en la tercera faceta o tercer dimensión, participando en misiones exteriores; como la más reciente misión en los incendios forestales en California en los Estados Unidos de América o en la ayuda humanitaria derivada por los sismos devastadores en Turquía, donde parece más difícil de explicar, pero no lo es tanto, toda vez de que hablamos de los despliegues sobre el terreno en misiones en el exterior, es decir cuando estas fuerzas salen de sus fronteras y la representación del país se hace de una manera muy distinta, en el campo de actuación y en el terreno donde van a operar de cara a la sociedad a la que prestan sus servicios directos quien al final será quien los juzgue y valore.
De acuerdo a lo anterior; podemos afirmar que las Fuerzas Armadas son inseparables en la acción exterior de un país y de su identidad como tal, ya que también la representan más allá de las fronteras en muchos lugares y ocasiones, algunas de ellas, son de carácter humanitario, otras, ideológicas y otras tantas, de refuerzo de la seguridad colectiva, como pasó cuando México participó en la Segunda Guerra Mundial con el Escuadrón 201, aliadas con los Estados Unidos y peleando en el Pacifico y en la que en todas ellas ponen en juego su vida y son también las señas de identidad de su país.
México es un país con una opinión pública tradicionalmente dividida en el que los ejércitos han tenido que ganarse el afecto popular de su sociedad para fraguar una imagen moderna, positiva y de cariño por una gran parte de los ciudadanos.
Es de justicia reconocer que entre los errores del pasado reciente; se encuentran los acontecimientos de 1968, cuyas acciones para someter el movimiento estudiantil no ayudaron a mejorar la imagen que de México tenían los demás países democráticos y cuyo momento histórico, puso la imagen de las fuerzas armadas en la cota más baja de popularidad, pero desde entonces, a la fecha, ha existido una evolución muy importante en que la institución militar tiene una imagen reforzada de lealtad, estabilidad, formación, capacidad de servicio y sacrificio, amor a la Patria y subordinación.
Además de la lógica renovación de estructuras, instrumentos y mentalidad, la participación de los militares en la lucha contra el crimen organizado a nivel interior y las misiones de paz ha sido decisiva. Entre ellas, algunas muy conocidas y otras no tanto, pero ahí han estado siempre al servicio de México y de la sociedad. Bien como parte fundamental para la seguridad nacional y para coadyuvar en materia de seguridad pública o en el exterior ya sea en misiones de ayuda humanitaria o como parte integral de los cascos azules de la ONU, o como componentes de otro tipo de coalición internacional como la vivida en la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente; una aceptación general del hecho de que los ejércitos han evolucionado por encima de otras instituciones en los años de la democracia mexicana.
El cambio más importante ha sido la orientación de sus misiones hacia el plano interno e internacional, ya que, ante retos mundiales, las respuestas también deben ser globales y las Fuerzas Armadas mexicanas se centran ahora en asuntos relacionados con la política interior y de seguridad común, es decir, trabajan en la seguridad y defensa internacional en los sistemas de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas y de manera coordinada con el Comando Norte integrado por Canadá, Estados Unidos y México impulsando la interoperbilidad.
La sociedad mexicana sabe ahora que tiene unas Fuerzas Armadas modernas, formadas, sobre todo, desde el punto de vista humano y preparadas, con capacidad para representar a México en cualquier lugar del mundo, a veces con el coste de vidas y siempre dejando atrás sus intereses personales y familiares. Además; otros ejércitos han sido testigos del grado de preparación y la profesionalidad de los soldados mexicanos.
Philip Fiske de Gouveia y Hester Plumridge (2005) en su obra más influyente, el informe “European Infopolitik: Developing EU Public Diplomacy Strategy” (2005), publicado por el Foreign Policy Centre, señalan esto muy bien en esta cita… “Cómo se perciba un país en el exterior tiene implicaciones sobre su capacidad para extraer inversiones y turismo. Como se perciba por el público exterior tiene efectos sobre su capacidad para actuar diplomática y militarmente”.
Luego entonces; un enfoque que debemos tener siempre en el radar, es recordar la relación entre identidad, imagen y defensa en el sentido más tradicional, porque con ello queremos significar la contribución que aporta la marca país al fortalecer la defensa nacional ya que está íntimamente relacionado con la capacidad de disuasión que se tenga y en la que intervienen varios factores, entre ellos: La marca, la capacidad de seducir y la capacidad de mostrar una imagen de solidez.
En principio, los riesgos de cualquier país por causa de agentes extranjeros son los que se determinan en las respectivas estrategias de seguridad nacional y los sistemas de defensa de las organizaciones internacionales gubernamentales son, a priori, una barrera disuasoria, pero no basta. Es necesario identificar la identidad de un país con una verdadera imagen de fortaleza, capacidad de reacción y firmeza en sus decisiones tanto en su seguridad interior como en la seguridad exterior. Cuanto más se consiga, más fácil será proporcionar una seguridad y defensa acorde a las necesidades nacionales y globales.
En estos tiempos donde los riesgos, las fortalezas y las debilidades de cualquier ente, como lo es un Estado, se trasladan de forma inmediata al tejido social, resulta muy importante que los ejércitos sean adecuados transmisores de esas señas de identidad.
